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sábado, 19 de junio de 2010

El centro del universo

Debido a mi crecimiento en una pequeña ciudad y al periodo musical denominado pachangueo, al escuchar ciertos ritmos no puedo parar de mover mis piernas. La verdad que nunca me ha costado bailar delante de nadie. De hecho, nunca he entendido a la gente que entra en un bar o una discoteca y se pone a hablar. En la zona de marcha de mi ciudad, la ronda, la técnica era bastante sencilla. Si quieres bailar o hacer el idiota te quedas dentro del bar, si quieres hablar tranquilamente sin que la música te moleste te tomas algo fuera.

Toda esta entrada es para reivindicar esos momentos. Muchos hombres se empeñan en no mover un músculo de su cuerpo cuando cierta música está sonando. Como si moverse fuera en contra de su estática virilidad. Cuando estás bailando con una persona se crea una burbuja en torno a los dos que ningún voujer puede comprender. Muchos heterosexuales ganarían más conquistas gracias a esta técnica, la mujeres son bastante débiles ante este embrujo. Por supuesto, si no te encuentras con la estática falsa cultura.

domingo, 28 de febrero de 2010

Una noche de recuerdos para no olvidar

Algunas veces nos gusta quejarnos de lo malo que es nuestro jefe, de lo que nos explotan en el curro, de lo poco humanos que son nuestros compañeros del trabajo,... en mi caso ninguno de los tópicos se cumplen. No voy a decir que todo es perfecto, porque mentiría, pero el director de mi grupo es genial.

Hace diez días fue su cumpleaños, concretamente su 50 aniversario. Para celebrarlo ha montado un fin de semana con todo el grupo en Torrelodones. La fiesta del viernes fue memorable, me recordó a las salidas nocturnas por Calahorra. Bailar hasta la extenuación sin que te afecte el alcohol. Es una metodología que dominaba, la conseguía repetir todos los viernes y los sábados sin descanso. Pero ya esa época se esfumo, ya no disfruto de los éxitos del verano, no tengo el iPod de mi cabeza actualizado, no me paso las mañanas del fin de semana durmiendo hasta tarde. No voy a contar batallitas de tiempos pasados, no me quejo de mi actual modo de vida, pero de vez en cuando viene bien recordar esa época de cadera y codo dislocados.

Os dejo con una de las canciones que sonaron esa noche. Al día siguiente estábamos todos con la dichosa musiquita en la cabeza.