Dejando la parte laboral a un lado, tengo que destacar lo maravillosa que me pareció la ciudad. Había estado allí hace diez años, pero en una visita de descenso y ascenso de autobús. La recordaba como una ciudad oscura, apagada y excesivamente industrial. Pero lo que estaba en negro era mi memoria. La ciudad tiene un movimiento frenético, la belleza de sus edificios no se limita a la catedral, los jardines y zonas verdes son amplias,... me gustó la sensación de moverme por sus calles.
De todas las zonas que visitamos, Navigli fue mi preferida. El viernes no había mucho movimiento, sólo algunos locales estaban con la bandera de completo. En cambio, el sábado no había pub que no estuviera haciendo su primaveral agosto.
Esta zona de la ciudad está fracturada por los canales artificiales que tuvieron que escavarse para poder llevar todo el mármol que se iba a utilizar para construir el Duomo. Actualmente es una zona muy juvenil con aspiraciones a corromperse por los insaciables burgueses. Este es el mayor de los pecados de la ciudad.
Os dejo con un ejemplo de burgués riojano. Me parece que ninguno de los dos llegaremos a cegarnos por avaricia. Toco madera.
